Todos
soñamos alguna vez que podíamos cambiar el mundo con un chasquido de las yemas
de nuestros dedos. Pero esto no se debía a que no nos gustara nuestro mundo,
sino a que no estábamos conformes con él.
Todos
soñamos alguna vez de pequeños un mundo totalmente paralelo al que vivíamos, de
pequeños concebíamos nuestro mundo como perfecto, pero el que imaginábamos lo
era aún más.
Coches
voladores y personas felices, eran los componentes de ese mundo imaginario.
Pero
para obtener esos dos componentes primero, el inocente niño que soñaba con un
mundo, necesitaba, y sin saberlo, personas maduras y responsables. Nosotros
ahora necesitamos individuos sin escrúpulos.
Ese
sueño no constaba solamente de esos componentes, sino que detrás del mundo
paralelo había algo más. No había personas caritativas, sino solidarias y estas
personas no vivían según grandes momentos, sino con pequeños instantes. No
había países, porque nadie los precisaba, pues estas personas residían única y
exclusivamente en el mundo. Las palabras
única y exclusiva ya hacía tiempo que habían dejado de pertenecer al mundo
comercial, ahora pertenecían a las personas. El mundo comercial dejaba ya poco
a poco de creerse con derecho único y exclusivo de comerciar con las primeras
necesidades humanas, razón por la cual ya no fue necesario ir recordando los
derechos humanos.
Los
derechos humanos acabaron por integrarse en las mentes de las personas
solidarias hasta el punto de ser aplicados de forma totalmente involuntaria, se
convirtió en algo semejante a respirar. Respirar dejó de ser una necesidad o un
derecho, porque ninguna persona solidaria llegó a pensar nunca que se pudiera
vetar tal proceso vital. Los procesos vitales pasaron a respetarse incluso por
las personas caritativas. Las personas caritativas limpiaron sus mentes, y ya
no hizo falta recordarles que el que más tiene es el que más debe ayudar. La
Ayuda dejó de ser necesaria, porque dejaron de existir los necesitados. Los
necesitados dejaron de ser necesitados y se convirtieron en personas
solidarias. Las personas solidarias de nuevo, a pesar de ser minoría, pasaron a
gobernar mediante una democracia, ese mundo paralelo, pues cada una de las
personas solidarias elegía limpiamente a otras personas solidarias para que por
todos ellos decidiera la mejor opción. Y la mejor opción dejó de ser discutida o elegida, por esa persona solidaria
escogida por otras personas solidarias para elegir, porque al final no hizo
falta. La Falta ya no causaba estragos, pues fue evolucionando hasta
convertirse en más que un arma. El término arma dejó de ser utilizado en sentido vengativo, porque la venganza se
extinguió. Y la extinción solo actuó con las personas caritativas, las cuales
puede que hubieran trabajado para tener todo lo que tenían, pero no trabajaron
para lo que los demás hubieran podido tener. Y si estos demás hubieran
trabajado más para lo que hubieran podido tener, los que ya tenían ni
siquiera hubieran tenido que trabajar
para lo que ya tenían, porque no lo hubieran necesitado, ya que si todos
hubieran trabajado, todos serían iguales.
Y
por lo tanto el mundo podría ser tal y como todos deseáramos sin importar nada
ni nadie, ya que todos seriamos solidarios entre nosotros y por tanto no
actuaríamos de manera incorrecta mediante injusticias, porque las injusticias,
igual que la venganza, ya no existirían.
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